miércoles, 14 de octubre de 2009

fotos encuentro nacional de mujeres!

El pasado fin de semana se realizó el XXIVº Encuentro Nacional de Mujeres, en Tucumán. Casi un cuarto de siglo de estos multitudinarios encuentros que surgieron por la iniciativa de un pequeño grupo de feministas y, a lo largo de los años, alcanzaron gran masividad, llegando en algunas ocasiones a reunir a más de diez mil mujeres de todo el país.

Lamentablemente, esta vez, como viene sucediendo en los últimos años, no hubo más de cinco mil mujeres –aunque la Comisión Organizadora insista en cifras desorbitadas que los medios repiten sin ton ni son. La mayoría de esas mujeres viajaron organizadas en agrupaciones políticas de izquierda y centroizquierda, sindicatos, movimientos territoriales y de trabajadoras desocupadas, organizaciones estudiantiles, obreras y barriales, colectivos feministas y de artistas. Una pequeña pero belicosa minoría acudió bajo las órdenes del obispo Luis Villalba. Los grupos más directamente relacionados con el gobierno K brillaron por su ausencia: con una fábrica militarizada y después de haber reprimido la lucha de las obreras y obreros de Kraft-Terrabusi, difícilmente se atrevieran a dar la cara.

Lo nuevo

A diferencia del Encuentro del año pasado en Neuquén, organizado en medio de la puja por las retenciones, que mantenían el gobierno y las patronales agrarias, esta vez el Encuentro Nacional de Mujeres se realizó al tiempo que emergía una nueva fuerza de la clase trabajadora con las obreras de Kraft-Terrabusi, que encabezaron el reclamo de medidas de prevención e higiene ante la gripe A y terminaron protagonizando una lucha colosal en la que, junto a sus compañeros, hicieron huelga y cortaron rutas, para impedir 160 despidos y que dejen a sus delegados afuera de la empresa. En esa gesta que aún perdura y que lleva más de 50 días, enfrentaron a la patronal de la multinacional alimenticia más grande del mundo, a la burocracia sindical de Daer, al Ministerio de Trabajo, a la Justicia, a la brutal represión del gobierno de Cristina y hasta la mismísima embajada norteamericana. Pan y Rosas, que acompañó su lucha, planteó que esa fuerza no sólo tenía que expresarse en el Encuentro Nacional de Mujeres, sino que el Encuentro mismo debía convertirse en una muestra de apoyo incondicional de las mujeres de todo el país, con estas obreras y su lucha.

No es una lucha más, entre tantas otras. Como lo demuestran las mismas patronales empresarias y el gobierno, como lo demuestra la demonización que hicieron la CGT y los monopolios mediáticos, es una lucha testigo. Porque estas obreras y obreros demostraron que con decisión y apoyándose en la unidad y la democracia de base se puede enfrentar los planes de ajuste y la más dura represión, conquistando la simpatía de miles de trabajadoras, trabajadores y estudiantes de todo el país. Porque así lo siente la mayoría, es que, a cada paso de las compañeras de la comisión interna o de las obreras despedidas y familiares de delegados de Kraft-Terrabusi, las mujeres del Encuentro les manifestaban su solidaridad. Así lo entendimos también en Pan y Rosas y por eso, acompañamos la propuesta de las Madres Elia Espen y Mirta Baravalle que participaron de la charla de las obreras de Terrabusi durante el Encuentro y plantearon que todos los talleres se pronunciaran para que las obreras encabecen la marcha del día domingo, denunciando la represión del gobierno de Cristina. En Tucumán, otras mujeres trabajadoras hacían sentir su reclamo desde varios meses antes del Encuentro. Eran las enfermeras, las médicas y todos los trabajadores de la salud Autoconvocados que, después de que dos compañeras murieran por la pandemia de la gripe A, salieron a enfrentar al gobierno de Alperovich y el vaciamiento de la salud pública. Ellas también se abrazaron con las trabajadoras de Kraft-Terrabusi, despertando un solo grito: “ya se escucha, salud y Terrabusi, son una misma lucha.”

Esto fue lo más nuevo del Encuentro: las nuevas fuerzas de las trabajadoras que irrumpieron en la escena política nacional, que ocuparon las primeras planas de todos los diarios quebrando el cerco mediático, que lograron la solidaridad del movimiento estudiantil y de amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo que sintió que era una lucha justa.

Pan y Rosas actuó con el convencimiento de que todas las mujeres que venimos organizándonos y luchando por el derecho al aborto, por el desmantelamiento de las redes de trata y prostitución, por la libertad de Romina Tejerina, contra toda forma de violencia hacia las mujeres, tenemos un gran desafío por delante: demostrar que somos capaces de reunir, en nuestra lucha, a estas nuevas generaciones de trabajadoras, organizando comisiones de mujeres en todos los lugares de trabajo, entusiasmar a miles más con la perspectiva de construir un gran movimiento de mujeres en lucha por sus derechos, independiente del Estado, del gobierno y los partidos patronales, que no mendigue sus derechos, sino –como decía la feminista Julieta Lanteri- que esté dispuesto a conquistarlos. En ese camino, lograr que todas las mujeres que nos reunimos en Tucumán hubiéramos podido gritar bien fuerte que este Encuentro era por y para las obreras de Kraft-Terrabusi, mostrándole al gobierno el repudio que provoca su represión, que se le dijera a los medios que nos solidarizábamos con las más explotadas de la clase trabajadora, lo considerábamos un paso muy progresivo. Aunque se organizó una charla con las mujeres de la Comisión Interna de Kraft-Terrabusi, donde las Madres hicieron la moción que comentamos más arriba, ésta no ocupó el centro del Encuentro.

Lamentablemente, el PO y otras agrupaciones de izquierda no acompañaron esta moción, reduciendo su participación, casi exclusivamente, al enfrentamiento con la Iglesia en los talleres sobre aborto. Extrañamente, tampoco se preocuparon por denunciar al mismo gobierno que mantiene la fábrica militarizada y sostiene la clandestinidad del aborto, por lo que mueren más de 400 mujeres cada año en nuestro país.

Lo viejo

Lamentablemente, las “formas” del Encuentro, que algunas llaman su “espíritu”, impidieron que estas fuerzas nuevas se expresaran cabalmente. Muchas mujeres dijeron en los talleres, “votemos que las obreras encabecen nuestra marcha del Encuentro, repudiando la represión del gobierno K” y la Comisión Organizadora les contestó que no se puede votar porque eso iría en contra del “espíritu” del Encuentro. Nunca se permite demostrar, con un método democrático, que las luchadoras –con todas nuestras diferencias y matices- somos una mayoría inequívoca en los Encuentros.

Sin embargo, esas mismas “formas”, ese mismo “espíritu” del Encuentro es el que permite que, año tras año, la Iglesia –una de las instituciones más reaccionarias que legitima nuestra opresión- se organice para intentar desbaratar nuestros debates, demonizando a las compañeras feministas, las lesbianas, las que somos militantes de izquierda e incluso las creyentes que, honestamente, quieren debatir sobre esos derechos que les niega el Vaticano.

Para las que participamos de varios Encuentros, ya es historia conocida: obispos que preparan legiones de chupacirios que rondan los talleres donde se debaten los temas que resultan urticantes para la Iglesia. Esa Iglesia llena de curas abusadores y genocidas que confesaron torturadores y delataron luchadores durante la dictadura, capaz de llenarse la boca hablando de los pobres, mientras subsiste gracias a los subsidios que le otorga el Estado, con obispos que cobran salarios equivalentes a 43 planes Jefas de Hogar.

Pero si siguen intentando destruir los Encuentros, es porque no se nos permite demostrarles, a mano alzada, que somos miles las que exigimos que el derecho al aborto se convierta en ley, que somos miles las que queremos continuar los Encuentros con un plan de lucha por todos nuestros derechos, que somos miles las que repudiamos su presencia destructora y fundamentalista. No nos engañemos a nosotras mismas: aunque cantemos con entusiasmo “a pesar de todo les hicimos el Encuentro”, sabemos que la Iglesia -aunque se muestra violenta, es una minoría insignificante en los Encuentros- todo lo que hace es para paralizarnos en discusiones estériles.

Nuestros Encuentros, que ya llevan 24 años de existencia, están quedando reducidos a sólo unas pocas miles de activistas organizadas, de diferentes procedencias. Pero nuestra perspectiva tiene que ser la de poner en pie un enorme y combativo movimiento de mujeres en lucha por sus derechos, tarea para la cual, los Encuentros Nacionales de Mujeres pueden ser un espacio donde, en la diversidad, el debate nos permita empezar a organizarnos. Es hora de mirar atrás, haciendo un balance de los logros y las dificultades, para mirar hacia delante y construir nosotras mismas el futuro que queremos para el movimiento de mujeres.

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